*los días de Niall desde la pelea*
Salí de nuestra casa, bueno, mi casa. Aún no acababa de asimilar todo lo que había ocurrido. De verdad iba a morir? Si eso fuera así, cuando, como y por qué? _______ decía la verdad? Como podía una persona ver el futuro? Y en el caso de que mintiera, por qué lo hacía?
Estaba hecho un lío, estaba destrozado. No podía sacarme de la cabeza la imagen de sus ojos llenos de dolor. Respiré hondo e intenté serenarme, ahora donde iba? Había comenzado a andar sin darme cuenta. Sabía donde estaba, cerca había un lago. Seguí andando y me senté en la orilla. El cielo estaba nublado, era el típico día de principios de septiembre en Irlanda. Principios de septiembre... Parecía mentira, apenas habían pasado tres meses desde que recogimos a las chicas en el aeropuerto. Habían cambiado tantas cosas... No quería pensar en el pasado, ni en lo que acababa de ocurrir, ni mucho menos en lo que me esperaba. Así que solo me quedaba una, el presente. Dirigí mi vista hacia el horizonte; agua, montañas, árboles, nubes... Todo muy verde y a la vez gris.
Se hizo la hora de comer, tenía hambre, a penas había desayunado. Antes de levantarme pensé un lugar hacia donde ir... La casa de Liam. Al poco tiempo llegué. Él me abrió la puerta y juntos pasamos al salón. Le conté godo lo que había ocurrido, sin dejar de lado en ningún momento a las lágrimas que salían de mis ojos.
-Descansa, duerme un rato, verás como te tranquilizas- me dijo Liam
-Liam, yo no puedo dormir, no sabiendo que ella tampoco lo puede hacer
Alguien tocó a la puerta y mi corazón se aceleró ante la posibilidad de que fuera ______ la que estuviera tras esa puerta, pero era Danielle. Liam estuvo hablando con ella, no podía oír lo que decían, pero en sus rostros también se reflejaba tristeza. Liam salió y yo me quedé solo. Pasados 10 minutos decidí hacerle caso y me fui a dormir al cuarto de incitados.
Desperté y miré el reloj, las siete de la tarde, había dormido sobre unas cinco horas. Me di cuenta de que aún no había comido nada en todo el día salvo unos sorbos de café, pero no tenía hambre. Corrí las cortinas y la vi. Estaba sentada como una india sobre la cama, y en sus mano sostenía un cuaderno en el que estaba escribiendo algo. De ves en cuando levantaba la mano derecha y, sin dejar de soltar el lápiz, secaba las lágrimas antes de que cayeran sobre el papel. Me dolía verla así, y mas si era por mi culpa, al fin y al cabo ella no había hecho nada malo. Volvía mirar el reloj y me fijé en que había estado media hora observándola, parecía increíble lo rápido que se me pasaba el tiempo cuando se trataba de ella. Eran las 19:30 y yo no sabía que hacer; no tenía hambre ni tampoco ganas de hablar con nadie, así que decidí volver a la cama. Pasó un largo tiempo hasta que me dormí, aunque de vez en cuando me despertaba sobresaltado a causa de recuerdos o pesadillas. Y entre tantos malos tragos se hizo de día. Las cinco de la mañana fue la hora la que me levanté y bajé. Liam estaba en la cocina; me ofreció algo de comer y yo le denegué la oferta. No podía creer que no tuviera hambre tras estar un día entero sin comer cuando normalmente devoraba todo a mi alcance cada ocho horas. Me negué a ir a trabajar ese día y Liam se quedó para hacerme compañía. Al final consiguió que comiera un poco, pero no compensaba todas esas horas de ayuno. Estuvimos todo el día vendo películas, yo sobre todo dormía, me resultaba muy extraño aquello que me ocurría...
De repente mi teléfono sonó y esa llamada fue la que me devolvió la esperanza; era Mari diciendo que fuera a desayunar al día siguiente. Aquella noche la pasé penando en las posibles reacciones que podía tener al verme y hablar sobre aquello, hasta que caí dormido.
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